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La Coctelera

La última página

8 Octubre 2006

Nada. Nadie. (Ladrillazo)

Llovía. El cielo estaba plomizo y llovía, pero con tan poca intensidad que parecía que en vez de llover el cielo estaba llorando en silencio. A aquellas horas de la mañana dormía todo el mundo. La carretera había parado su actividad frenética, las calles estaban solitarias y en la casa todo el mundo dormía. ¿Todo el mundo? No. Su cuerpo parecía dormido, pero una lágrima furtiva goteaba de su alma, y su cabeza, más despierta que nunca, centrifugaba todos los pensamientos y sentimientos que había en ella, por si acaso sacaba algo en claro… pero no había manera.

Se revolvió en la cama, por si el movimiento brusco ahuyentaba los demonios que la perseguían como si fueran las Erinias, que seguían sin descanso a los parricidas, hasta volverlos locos… Pero ella no había matado a nadie, es más, la habían matado a ella.

De repente sintió una necesidad imperiosa de levantarse de la cama y salir corriendo de allí. Se puso un chándal, unas zapatillas de deporte y salió de casa sin hacer mucho ruido. Seguía lloviendo, pero aunque ahora lloviese un poco más fuerte que esta mañana no le importó. Las calles seguían desiertas… la gente había desaparecido, no había perros deambulando por la calle, ni siquiera se oían los gorriones que suelen piar en los cables de alta tensión. Nada. Nadie.

Empezó a correr de manera lenta, ya que no estaba acostumbrada a hacer mucho ejercicio. De pronto se paró. Había sentido pasos detrás de ella, se giró. No había nada ni nadie. Siguió corriendo, pero esta vez algo más deprisa. Durante una buena parte del trayecto estuvo sintiéndose observada, y le parecía sentir pasos a sus espaldas, pero cada vez que se giraba no había más que lluvia. De repente, en una de esas veces que se giraba para comprobar que nadie la seguía, le pareció ver una sombra, con lo que optó por correr más deprisa, correr hasta que las fuerzas le fallasen, sin importarle nada la lluvia que arañaba el suelo. Corría sin rumbo fijo, así que no le extrañó nada acabar en la plaza del pueblo. Se paró para coger aire, apoyando sus manos en sus rodillas flexionadas y jadeando. Unos murmullos y algunos pasos se escucharon detrás de ella. Se giró muy despacio, pero allí no había nada. Ni nadie. Se giró trescientos sesenta grados sobre su propio eje, pero las calles seguían vacías, los establecimientos cerrados y las persianas bajadas. Nada. Nadie.
__ ¿Quién eres?
Nadie contestó, tan sólo un extraño eco.
__ ¿Dónde estás?
El silencio pesaba como una losa.
__ ¿Qué quieres de mí? Vamos, ¡Contesta!
Ya no hablaba; gritaba y sollozaba. Ahora el manto de lluvia no arañaba la tierra, sino que la apuñalaba, e impedía ver bien, pero ella seguía estando alerta; cualquier ruido la sobresaltaba, cualquier sombra era una amenaza…

Un relámpago iluminó el cielo encapotado, para que unos segundos más tarde sonase un trueno propio de los infiernos. Mientras, el agua lo empapaba todo; ya no había una sola zona del pueblo seco, como tampoco había esperanza de ver vida en aquel pueblecito…

Sintió como alguien se acercaba hasta ella, pero no podía ver; la lluvia era un tapiz que impedía ver más allá, y el pelo empapado le caía sobre la cara, tapándole los ojos. Intentó zafarse de los cabellos que la molestaban para ver algo mejor. Poco a poco la sensación de que alguien la seguía se hacía cada vez más corpórea, hasta que logró ver ante sus ojos a una mujer aparentemente joven, vestida con una larga estola y su mirada era inquietante, parecía estar a la espera de algo, pero ante la expresión de incertidumbre de la chica, sólo dijo: “Ego Mnemósine sum” Siguió esperando, pero la chica pensó que algún maleficio caería sobre ella, y se dejó llevar por el miedo de tal manera que ni siquiera ella sabía lo que estaba haciendo hasta que se dio cuenta de que sus pies iban más rápidos que ella misma. Estaba huyendo, tenía que salvarse de esa figura… ¿Qué fue lo que le dijo? Era algo en latín… ¿pero qué significaba aquello? Recordaba que Ego significaba “yo”, y que sum… era un verbo… Y Mnemósine no lo tenía muy claro, sólo sabía que era un personaje mitológico… Tan concentrada iba en sus pensamientos que no se percató de la gravilla que había en el suelo mojado, por lo que al pisarla resbaló y cayó al suelo. Al incorporarse pudo ver como la chica de la estola se iba acercando sin prisa pero sin pausa hacia ella. Intentó levantarse, pero siempre que lo intentaba volvía a pisar algo de gravilla y caía mientras en su cabeza intentaba averiguar el significado de “sum” y de “Mnemósine”

La misteriosa chica de la estola estaba ya frente a ella cuando por una absurda asociación de ideas y recordó quien era Mnemósine… era la representación de los recuerdos… ¡Aquella chica que la perseguía era su caja de los recuerdos! Intentó levantarse una vez más y quizá por algún golpe de suerte pisó un hueco libre de gravilla y pudo incorporarse. Ahora estaban frente a frente, y tenía ante ella dos opciones: o bien seguir huyendo de Mnemósine, o bien plantarle cara. Repasó la figura de aquel extraño personaje centímetro a centímetro hasta que llegó a los ojos azules de la criatura, aquellos ojos tan azules y profundos, como el océano donde vive el olvido, aquel océano donde se ahogan los recuerdos… pero aún así sostuvo en ellos los suyos. No sabía muy bien qué hacer, así que optó por sostener la mirada todo el tiempo que hiciese falta hasta que aquella tal Mnemósine se cansara o hasta que supiese que era lo que tenía que hacer, pero sabía que no iba a dejarse vencer; ya había dejado que le pasasen muchas veces por encima…

Entonces, aunque no esperase nada y al mismo tiempo lo esperase todo, aquello la sorprendió… Mnemósine la cogió de la mano y habló con voz suave, como si estuviera arrullando a un niño de cuna:
__ Voy a estar siempre a tu lado, contigo, para lo bueno y para lo malo, sean cuales sean las condiciones, pero ya no te haré daño.
__ ¿Y por qué ya no?
__ Porque no has seguido corriendo- Mnemósine se encogió de hombros y contestó como si le hubiesen hecho la pregunta más tonta del mundo- Y porque eres parte de mí, y yo de ti.

La chica no entendía nada… Hace veinticuatro horas estaba en casa delante de los libros, pero pensando en el fin de semana, y ahora se encontraba en las calles de su pueblo, a solas con algo parecido a una alucinación, hablando sobre seguir corriendo… Era totalmente absurdo.
__ No entiendo nada…

Mnemósine la soltó de la mano al tiempo que se alejaba de ella. La chica se quedó mirando a Mnemósine mientras veía como la lluvia cesaba, hasta que tan sólo fue un punto en el horizonte.

El tiempo fue pasando, y pasaron muchas cosas, pero ya no llovió como aquel día, y nunca más volvió a sentir que la seguían; aunque si es verdad que alguna que otra vez, al ir por la calle veía camuflada entre la multitud a Mnemósine. Se sonreían y cada una seguía su camino.

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Pues esta soy yo, una malagueña de padres jiennenses que estudia Filología Inglesa en Málaga. Optimista por naturaleza, me gustan los retos y el olor a tierra mojada y a césped recién cortado. Alegre y melancólica. Divertida y aburrida. Activa y vaga... En definitiva: sólo soy una combinación única (a Dios gracias)de defectos y virtudes a la que desde el año 1986 llaman Celia. En cuanto al blog, qué decir de él... Es como esa última página de las libretas de clase destinada a llevar escritas las cosas que me pasan, dibujos, notitas para mi compañera de pupitre, números de teléfono, títulos de libros o canciones... En resumen: una parte de mi mundo.

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